Home
Aumentar fuente
Aumentar contraste
Lengua de señas
La radiactividad es un proceso natural por el cual algunos elementos de la Tierra, como el uranio, se transforman y liberan energía en forma de radiación. Esta radiación tiene múltiples usos: desde la medicina, a través de tratamientos como la radioterapia y procedimientos como la desinfección de material quirúrgico; pasando por la industria, mediante soluciones como la detección de grietas en tuberías y estructuras metálicas; hasta el campo de la agricultura, con prácticas como el control de plagas sin pesticidas y la inducción de mutaciones en semillas para obtener variedades más resistentes.
Para todos estos fines, en Colombia se utilizan materiales y fuentes radiactivas reguladas en cuanto a su uso, manejo, transporte, almacenamiento e importación. Esto se hace para proteger la salud humana, ya que la radiación, dependiendo de la cantidad de energía absorbida y la rapidez con la que se recibe, puede, en dosis altas, causar daños celulares o, a largo plazo, aumentar el riesgo de enfermedades como el cáncer.
Sin embargo, los materiales radiactivos que se encuentran de forma natural en los suelos del país (conocidos como NORM, por sus siglas en inglés), y que son la fuente de la radiación natural terrestre, también pueden generar riesgos si sus concentraciones son elevadas o si son movilizados y reconcentrados por actividades humanas.
La normativa colombiana actual, como la resolución número 180005 de 2010 del Ministerio de Minas, en su capítulo I, artículo 4, excluye de su aplicación “las actividades que puedan generar desechos de contenido radiactivo que no sea susceptible de control, como es el caso del procesamiento de materiales que contengan sustancias radiactivas de origen natural y que no hayan sufrido un proceso tecnológico de concentración o alteración de sus propiedades naturales”.
Esto significa que, en algunos casos, esta normativa no contempla los riesgos asociados a la acumulación de NORM ni aborda la complejidad de los procesos de decaimiento de estos materiales, dejando un vacío importante en la regulación. Por lo tanto, se está trabajando en la creación de normativas específicas para gestionar la exposición a los NORM cuando sus niveles representen un riesgo significativo
Estos posibles riesgos pueden recaer de manera directa entre quienes realizan actividades como la minería, la extracción de hidrocarburos y la construcción de túneles. Como explica Jimmy Alejandro Muñoz, director técnico de Asuntos Nucleares en el SGC: “los trabajadores pueden exponerse de varias maneras: por la radiación que emiten las rocas directamente (radiación gamma), o al inhalar el gas radón y otras partículas radiactivas que se desprenden de estas rocas y quedan en el aire, especialmente en lugares cerrados. Dependiendo de la cantidad total de radiación que una persona recibe a lo largo del tiempo (dosis acumulada), esto puede aumentar el riesgo a largo plazo de enfermedades como el cáncer, especialmente de pulmón debido al radón."
¿Qué hace el SGC frente a la ocurrencia de la radiación natural?
Actualmente, a través de la dirección de Asuntos Nucleares, el SGC está construyendo una línea base radiométrica del país, lo que se traduce en un punto de referencia de la radiación gamma natural a nivel nacional. Con la identificación de los materiales radiactivos de origen nacional, se busca aportar información científica a las entidades responsables de tomar decisiones respecto a la protección de la salud humana y el ambiente, y generar herramientas para la definición de una normativa frente al manejo de la radiación natural (especialmente para quienes están expuestos a ella en contextos laborales).
“Nosotros vamos a esas zonas en las que se han identificado actividades que acumulen NORM o en donde esté reportada la presencia de los elementos radiactivos debido a la composición de las rocas presentes en al área, y hacemos un muestreo sistemático con unos equipos especializados. Estos equipos permiten medir qué tan intensa es la radiación superficial en un momento dado (lo que llamamos “tasa de dosis”). Estas mediciones son cruciales para estimar cuánta radiación podría recibir una persona y, con base en ello, definir parámetros de protección radiológica adaptados a cada situación”, explica Muñoz.
Para estas investigaciones, los profesionales de la Dirección de Asuntos Nucleares han recibido capacitación, implementos de protección y equipos de monitoreo por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), gracias a un proyecto que inició en 2021 para fortalecer la infraestructura nacional para la seguridad radiológica enfocado en el estudio de los materiales radiactivos de origen natural.
A partir de esto, en 2022 el SGC creó el proyecto NORM para el estudio de los materiales radiactivos de origen natural, con el cual se han realizado trabajos de campo para medir las tasas de dosis y obtener muestras de roca, suelo y agua para análisis en laboratorios especializados en determinar la presencia de radionúclidos de uranio, torio y potasio, así como de otros elementos que se derivan del decaimiento, por ejemplo, el gas radón.
Algunos de los lugares que se han estudiado hasta ahora son:
Frente a estos avances, Jimmy Muñoz dice que “el mapa de línea base radiométrica nacional que estamos construyendo es un objetivo muy grande y ambicioso, pero la idea es comenzar por sectores clave para que los tomadores de decisión puedan generar normatividad en torno a esta problemática”.