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Servicio Geológico Colombiano

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​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​Fósil de Miocochilius an​omopodus, exhibido en el Museo Geológico Nacional “José Royo y Gómez”.​

 Exhibición de Fósiles



​Imagínate en el parque Simón Bolívar un domingo, caminando, comiendo paleta, cuando… ¡de repente aparece algo parecido a un enorme elefante con colmillos de casi dos metros de largo! Bueno, en realidad no son colmillos, en el Museo aprendí que su nombre correcto son "defensas". 


Parece una fantasía encontrar un animal tan grande, y en parte lo es, pero no siempre fue así. Resulta que Bogotá y, en general, toda Colombia fue hábitat de los mastodontes, ¡no mamuts, mastodontes! Aunque parecen un mamut eran diferentes, entre otras características, los mamuts comían pastos, mientras que los mastodontes se alimentaban de ramas.


Los mastodontes colectados en el Museo son provenientes de lugares como Pubenza, Nemocón y Mosquera (Cundinamarca). Estos enormes animales sobrevivieron hasta hace aproximadamente 6.000 años en Colombia, conviviendo con los primeros pobladores de nuestro territorio.




Todos hemos visto, así sea por televisión, a un perezoso; son tiernos, comen hojas y se mueven lento, muuuy lento. Sin embargo, tu opinión sobre los perezosos cambiará cuando veas al eremoterio, ¡un gigante de casi cinco metros y una tonelada de peso! Este perezoso vivió en el territorio del departamento del Huila, hace aproximadamente 40.000 años, durante el Pleistoceno tardío.


El eremoterio que está en el Museo fue colectado en el desierto de La Tatacoa hace 76 años. Lo encontró José Royo y Gómez, el primer director del Museo, en una expedición llamada "Comisión de Vertebrados".




​​Con una longitud de ocho metros, tres de los cuales son del cuello, el Callawayasaurus colombiensis es el reptil marino más largo del Museo. Se parece al protagonista de la leyenda del Lago Ness; sin embargo, según estudios recientes se sabe que su cuello no era tan flexible y no sacaba la cabeza del agua; al parecer, habitaba el fondo marino, abría la boca y "rastrillaba" el suelo para atrapar animales.

 

El Callawayasaurus colombiensis es un elasmosaurio del orden plesiosaurio, reconocido por su cuello largo y cabeza pequeña. Estos vivieron hace 130 millones de años, en el periodo Cretácico, en el territorio que conocemos como Villa de Leyva, hoy un bosque seco.




​​Un solo diente suyo mide más de lo que mide tu propia mano. De hecho, su sola cabeza mide más de lo que medimos tú o yo, incluso si nos empinamos... Si imaginariamente nos topáramos con él y quisiera comernos seríamos apenas un bocadillo. Se trata del Kronosaurus boyacensis, un pliosaurio del orden plesiosaurio, al que identificamos por su cuello corto y cabeza grande. 


Estos temibles reptiles marinos vivieron hace 130 millones de años, en el periodo Cretácico, en los mismos mares que el Callawayasaurus colombiensis, el animal del cuello largo, en Villa de Leyva.




​Impreso sobre una roca de hace aproximadamente 400 millones de años, aparece un animalito no más largo que la palma de tu mano, ancestro de los escorpiones. Se trata del euriptérido de la clase Merostomata​​.


Uno de los euriptéridos que está en el Museo vivió en el período Devónico, hace 400 millones de años. En aquellos tiempos los continentes comenzaron a llenarse de plantas y los primeros animales con cuatro patas, conocidos como tetrápodos, colonizaron la Tierra. Este vestigio del Merostomata, inimaginablemente antiguo, fue encontrado en un lugar de Boyacá llamado Valle Macizo de Floresta.





​¿Cómo te imaginas una mezcla entre rinoceronte, elefante e hipopótamo? Los científicos lo llaman astrapoterio y, según nos explicó el guía, con el que más parecido tiene es con el rinoceronte; sin embargo, me llamó la atención porque tiene una trompita, similar a la de los elefantes, o probóscide y cuatro defensas (que parecen colmillos): dos arriba y dos abajo. Un ser verdaderamente fantástico.


Los astrapoterios habitaron en lo que hoy conocemos como desierto de La Tatacoa, en Huila, hace aproximadamente 13 millones de años, durante el Mioceno​.​




​​Tan larga como un bus, tan pesada como un carro, tan ancha que no cabría por una puerta promedio. ¿Sabes a qué animal me refiero?


¡Se trata de la Titanoboa cerrejonensis! La serpiente más grande conocida sobre el planeta y que vivió en nuestro país, exactamente en La Guajira, hace aproximadamente 60 millones de años. En promedio, la Titanoboa medía 13 metros, pesaba 1.000 kilogramos y su diámetro habría podido ser de 100 centímetros.


En el Museo verás la réplica de una de sus vértebras y podrás compararla con la de una anaconda, la actual serpiente viva más grande. Si una serpiente normal es temible, ¡una de estas habría podido ser terrorífica!​

​​¡Fue difícil elegir solo siete maravillas! Realmente cada uno de los fósiles del Museo es un caso extraordinario, porque no todos los seres vivos que vivieron en el pasado, hace muchos pero muchos millones de años, se fosilizaron por lo que sus restos no lograron permanecer hasta nuestros días.


Cada una de estas especies nos cuenta un capítulo de la historia de la vida en la Tierra y cómo la naturaleza ha cambiado.


El Museo Geológico Nacional “José Royo y Gómez” estudia y protege nuestro patrimonio geológico y paleontológico; ¡habla con tus docentes y ven con tus compañeros, tus amigos o con tu familia a conocerlo!


Recuerda que además de fósiles, en el Museo hay una muestra representativa de las rocas y minerales del país. Descubre el top de rocas y minerales y averigua qué los hace tan f​ascinantes.


¡Hasta la próxima!