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Lengua de señas
En la profundidad de las cavernas, donde el silencio es apenas interrumpido por el eco del goteo del agua, la naturaleza escribe su propia historia. Con paciencia infinita, cada gota que cae deposita minerales que, capa tras capa, dan forma a esculturas minerales conocidas como estalactitas y estalagmitas. Aunque parecen simples adornos subterráneos, en realidad son libros abiertos que guardan en sus anillos de crecimiento la memoria del clima de miles de años atrás.
El Servicio Geológico Colombiano (SGC) se ha adentrado en esta historia natural. A través de la Dirección Técnica de Laboratorios y de su Laboratorio de Pulidos, la entidad contribuye a desentrañar lo que estos archivos minerales revelan sobre el pasado climático de Colombia y de la región intertropical de Suramérica.
¿Cómo se forman?
Las estalactitas y estalagmitas se forman con el agua de lluvia que, al infiltrarse por el suelo y atravesar fracturas de la roca, va recogiendo minerales en su camino. Cuando finalmente alcanza una cueva, parte de esa agua se evapora y el carbonato de calcio se deposita lentamente.
Con el paso del tiempo, estos depósitos se acumulan: desde el techo crecen las estalactitas y desde el suelo, en sentido contrario, emergen las estalagmitas. Cada una de sus capas conserva información sobre la vegetación, la temperatura y las precipitaciones de la época en que se formó.
La ventaja de las estalactitas y estalagmitas frente a otros registros paleoclimáticos (como hielos, sedimentos o anillos de árboles) es su continuidad y detalle. Mientras que el hielo puede derretirse o los sedimentos erosionarse, estos espeleotemas, como también son conocidas en conjunto, conservan intacta la historia de cada gota que se deposita. En regiones tropicales como Colombia, su crecimiento está directamente vinculado a los ciclos de lluvia, lo que permite obtener registros de variabilidad anual.
Además, gracias a técnicas de datación de alta precisión como el método Uranio/Torio, los científicos pueden reconstruir con exactitud las condiciones climáticas desde el presente hasta hace unos 600.000 años, lo que significa que una estalagmita colombiana puede contar cómo era la atmósfera cuando aún faltaban miles de años para que aparecieran los primeros seres humanos en América. Esta profundidad temporal y continuidad en el registro los convierten en una herramienta invaluable para comprender cómo ha cambiado el clima a lo largo de la historia y cómo podrían evolucionar los ecosistemas frente a nuevos escenarios.
Colombia, ubicada en la franja tropical, ofrece condiciones únicas para este tipo de investigaciones. Nuestro clima está influenciado tanto por los océanos Atlántico y Pacífico como por sistemas continentales, lo que da lugar a un régimen particular de dos periodos de lluvias y dos de sequía cada año. Esta dinámica, sumada a la geología andina, ha permitido la formación de cavernas ricamente ornamentadas, con espeleotemas de gran diversidad.
El equipo de Paleoclima y cambio climático, de la Dirección Técnica de Geociencias Básicas del SGC ha recolectado muestras en cuevas de La Guajira, Cesar, Sucre, Antioquia, Santander, Boyacá, Tolima y Huila, entre ellas el Parque Nacional Natural Cueva de Los Guácharos. Cada expedición representa un desafío: transportarse hasta cada punto, avanzar por túneles donde apenas cabe una persona, arrastrarse por pasajes inundados o descender en vertical por la oscuridad, cargando equipos ligeros pero esenciales. No es un trabajo sencillo, pero cada muestra obtenida es un fragmento del pasado climático que le hace justicia al esfuerzo.
Al regresar comienza otra parte de la historia. El Laboratorio de Pulidos del SGC, coordinado por Andrei Orlando Hernández y conformado por un equipo de tres técnicos y un profesional, recibe las muestras para realizar la preparación de estalagmitas mediante dos cortes longitudinales controlados, espaciados entre 7 a 15 mm, utilizando un disco continuo de borde diamantado refrigerado por agua.
Este trabajo minucioso, realizado con disciplina y rigor, asegura que la información contenida en cada anillo mineral pueda ser analizada con precisión. El laboratorio no se rige por normas internacionales específicas, porque no existen para este tipo de procesos, pero sigue una guía metodológica propia y un sistema de gestión de calidad que garantizan la confiabilidad y trazabilidad de los resultados.
Los datos extraídos de estalactitas y estalagmitas colombianas ya están ayudando a perfeccionar los modelos de cambio climático en Suramérica. Con ellos, los científicos pueden entender mejor cómo interactúan variables como la precipitación, la temperatura y la vegetación con procesos globales de mayor escala, como el nivel del mar o las corrientes oceánicas y atmosféricas.
En otras palabras, estas formaciones subterráneas no solo cuentan cómo era el mundo hace miles de años, sino que también ayudan a anticipar cómo podría transformarse en los siglos por venir.
De esta manera, en la aparente quietud de las cavernas, el SGC encuentra un puente hacia el pasado que permite orientar el futuro. Cada sección preparada en el laboratorio y análisis realizado por los equipos de investigación no solo amplía nuestra comprensión de la historia ambiental de Colombia, sino que también fortalece la capacidad del país para tomar decisiones informadas en la gestión de sus recursos y en la construcción de un desarrollo sostenible.
Para más información sobre este tema, escribe al correo: marboleda@sgc.gov.co