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Lengua de señas
¿Qué lleva a una persona a dedicar su vida al estudio de fósiles? Para el paleontólogo colombiano Javier Luque, todo comenzó con un encuentro “serendipitoso” con una amonita cuando tenía cuatro años y, años después, con el fósil de un extraordinario cangrejo. Dos hallazgos que cambiaron el rumbo de su vida: lo llevaron a recorrer el mundo y a dedicarse a reconstruir ecosistemas desaparecidos hace millones de años.
Hoy, Javier Luque es reconocido internacionalmente por sus investigaciones en paleontología tropical y se convirtió en el primer latinoamericano en ocupar el cargo de curador en uno de los museos de la Universidad de Cambridge, una de las instituciones académicas y científicas más prestigiosas del mundo.
Más allá de los descubrimientos y resultados técnicos, Entre Capas explora las dudas, pasiones, obsesiones y experiencias personales que acompañan el trabajo científico y que muchas veces permanecen fuera de cámaras. En este episodio, Javier habla sobre cómo comenzó su interés por la paleontología desde muy pequeño gracias a su fascinación por los dinosaurios, las caminatas y campamentos familiares en la naturaleza y, especialmente, el impacto que tuvo encontrar su primera amonita en Villa de Leyva. “Para un niño de cuatro años eso era un tesoro incalculable”, recuerda durante la conversación.
El hallazgo que cambió su vida
Ese interés temprano lo llevó años después a estudiar geología en la Universidad Nacional de Colombia, la carrera que le permitía acercarse a la paleontología. Durante sus últimos años de pregrado participó en varios trabajos de campo en Boyacá, donde realizó hallazgos de fósiles marinos de más de 100 millones de años. Uno de esos descubrimientos marcaría definitivamente su carrera científica: Kaliquimera perplexa, un extraño fósil de cangrejo que desconcertó incluso a expertos internacionales y que hoy es considerado uno de los fósiles más icónicos descubiertos en Colombia.
“En ese momento yo descubro a los invertebrados, descubro a los artrópodos y los artrópodos me descubren a mí”, afirma Javier al recordar ese hallazgo, que describe como el momento que consolidó su camino profesional. A partir de allí comenzó a enfocarse en el estudio de artrópodos fósiles y ecosistemas tropicales antiguos, una línea de investigación que posteriormente lo llevaría a instituciones como Yale, Harvard y finalmente Cambridge.
En la conversación, Javier también reflexiona sobre el enorme potencial paleontológico de Colombia. Explica que si hoy el país es reconocido por su biodiversidad, esa riqueza también tiene una larga historia registrada en las rocas y fósiles del territorio. Desde los hallazgos marinos de Villa de Leyva hasta los fósiles de la Tatacoa o los grandes reptiles descubiertos en Cerrejón, Colombia conserva información clave para entender cómo evolucionó la vida en los trópicos a lo largo de millones de años.
Sin embargo, también señala que gran parte de esa historia permanece aún sin descubrir debido a las dificultades geográficas, climáticas y de acceso al territorio. “Los datos están en los estratos”, afirma, convencido de que Colombia apenas está comenzando a comprender la magnitud de su riqueza paleontológica y científica.
Pensar como científico
Pero Entre Capas no se limita únicamente a hablar de fósiles o descubrimientos científicos. La conversación también aborda temas más personales y poco frecuentes en los espacios tradicionales de divulgación científica, como la incertidumbre, la presión académica, la soledad y las preguntas personales que aparecen cuando dedicar la vida al conocimiento también implica intentar encontrar el propio lugar en el mundo. Javier habla abiertamente sobre las exigencias de trabajar en universidades e instituciones de alto nivel, la sensación de tener que estar constantemente “a la altura” y la experiencia de vivir lejos de la familia y la cultura propia.
Además, reflexiona sobre la importancia del pensamiento científico y la comunicación pública de la ciencia en un momento donde, según él, existe una creciente desinformación y un desprecio hacia el conocimiento y la evidencia. Para Javier, la ciencia no consiste en tener todas las respuestas, sino en aprender a convivir con el desconocimiento, formular preguntas y construir conocimiento a partir de la evidencia.
Desde hace cerca de dos años, Javier Luque está vinculado como investigador honorario del Servicio Geológico Colombiano y del Museo Geológico José Royo y Gómez, una experiencia que describe como transformadora por la posibilidad de trabajar junto al ente encargado de proteger el patrimonio geológico y paleontológico del país y de fortalecer la apropiación social del conocimiento científico en los territorios.
Tras casi dos décadas fuera de Colombia, este 2026 regresó al país con el deseo de generar un cambio desde dentro: formar nuevas generaciones de científicos y tomadores de decisiones, fortalecer el estudio de la paleontología y promover el cuidado y aprecio por la historia geológica y paleontológica del país.
“Detrás de cada fósil hay una historia, pero detrás de cada descubrimiento también hay personas”, parece recordarnos esta conversación, que propone una mirada más humana sobre lo que significa hacer ciencia en Colombia y desde Colombia hacia el mundo.
💬 Entre Capas quiere seguir ampliando esta conversación. ¿Qué geocientífico, investigador, líder comunitario o personaje relacionado con las geociencias le gustaría ver en próximos episodios? Déjenos sus sugerencias en el correo de comunicaciones@sgc.gov.co y ayúdenos a seguir construyendo este espacio donde la ciencia también se cuenta desde las historias de quienes la hacen posible.