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 ¿Qué ocurre detrás de la instalación de las estaciones de la Red Sismológica Nacional?

Frente a la curiosidad de los habitantes de distintos territorios, los funcionarios de RSNC

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¿Qué ocurre detrás de la instalación de las estaciones de la Red Sismológica Nacional?

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El monitoreo sísmico sin interrupciones, 24 horas al día y 7 días a la semana, durante los últimos 30 años, es el gran logro de esta red. Para que esto sea así, muchos técnicos del SGC y habitantes de zonas sísmicamente activas han contribuido con la expansión y el fortalecimiento de la infraestructura. Aquí reconocemos sus esfuerzos.



El apoyo de las comunidades e instituciones locales es indispensable para la operación de la redEl apoyo de las comunidades e instituciones locales es indispensable para la operación de la red.



Recorrer topografías agrestes en todos los medios de transporte imaginados es lo que muchos técnicos del SGC han tenido que hacer para instalar los equipos de monitoreo de la Red Sismológica Nacional de Colombia (RSNC), que desde hace 30 años es el soporte para vigilar la actividad sísmica del país y aportar información para gestionar el riesgo que se desprende de este tipo de geoamenaza. 

Han sido muchos los viajes y las personas que han participado en la instalación de los equipos de monitoreo y en la construcción de las estaciones, pero sobre todo han sido muchas las historias que han quedado con los kilómetros recorridos. Una de ellas sucedió en Murindó, un municipio ubicado en la región del Urabá, en el departamento de Antioquia, a donde Elizabeth Mazo, física del grupo evaluación monitoreo y diagnóstico de las dinámicas geológicas del SGC, llegó junto a algunos compañeros en 2022 con la misión de buscar el lugar apropiado para disponer los equipos. 

Esa misión no fue sencilla: el solo hecho de llegar hasta allí implicó que el equipo viajara desde Bogotá hasta Apartadó en avión y, posteriormente, se desplazara por tierra hasta el municipio de Belén de Bajirá, donde finalmente tomaron una lancha para recorrer el río Atrato hasta Murindó. 

Al llegar al destino se complicaron las cosas, teniendo en cuenta que Murindó se inunda permanentemente por la acción de los ríos Murindó y Atrato y, por ello, sus construcciones son palafitos, es decir que están soportadas sobre pilares que evitan el contacto directo con la tierra. Esta característica, según explica Elizabeth, impide la instalación del acelerógrafo, teniendo en cuenta que este instrumento se dispone en el suelo para registrar los movimientos del mismo. 

“Fuimos a hablar con el Alcalde y con la Coordinadora de Gestión de Riesgo para preguntarles quién en la comunidad podía tener una finca en la parte alta del municipio, donde no hubiera inundaciones, para poner los equipos. El lugar que necesitábamos también debía tener buena señal porque el acelerógrafo funciona con un módem celular”, recuerda ella, y añade que gracias a la gestión de los funcionarios del municipio se logró que Alfonso Romaña, propietario de un predio que cumplía con los requerimientos para hacer la instalación, accediera a que esta se hiciera en su finca. 

Todo lo que sucedió durante la jornada fue una hazaña, dice Claudia Marín, coordinadora de Gestión de Riesgo de Murindó, quien recuerda que los materiales necesarios para la instalación de la estación debieron transportarse desde la zona urbana hasta un corregimiento ubicado a 6km, vía lancha por el río Atrato. Este tenía caudal muy bajo y, por ende, representaba una mayor dificultad para el desplazamiento. Mientras tanto el equipo del SGC y del gobierno local se dirigieron a la zona en moto. 

“Don Alfonso tiene animales en su predio, pero le abrió espacio a la estación porque se le explicaron las razones por las cuales es necesario hacer el monitoreo sísmico. Cuando logramos instalar la estación fue estupendo, nos dio mucha alegría porque en Murindó tiembla a diario, así que tener esta instalación nos ayuda a determinar qué tan grande es el riesgo. Es interesante que desde que contamos con este monitoreo la gente quiere saber más al respecto, y eso es lo que necesitamos, mayor consciencia”, explica Claudia. 

Entre los antecedentes que refuerzan la necesidad de hacer un monitoreo sísmico en la zona a través de la estación, están los sismos del 17 y el 18 de octubre de 1992, registrados en Murindó con magnitudes 6.6 y 7.1, respectivamente. Los daños causados fueron graves tanto en zona urbana de Murindó como en la comunidad indígena La Isla, donde se presentó destrucción total de casi todas las construcciones. 


Ampliación de la RSNC, una misión que no tiene fin

Otra historia sobre la instalación de estaciones de la Red sucedió durante 2018 en Tutunendo, corregimiento de Quibdó, en Chocó, donde Héctor Gamboa y su padre, Óscar Gamboa, propietarios de una finca, autorizaron la presencia de los equipos de monitoreo. “El equipo del SGC llegó hasta aquí y nos explicó por qué se hace el monitoreo sísmico, cómo funcionan las estaciones, qué sucede con la información que recopilan…Nos pareció muy importante poder ayudar porque el monitoreo se hace como un servicio a la comunidad”, dice Héctor, quien advierte que la actividad sísmica en la zona es continua.

Sobre esto, Lina Aguirre, geóloga del grupo evaluación, monitoreo y diagnóstico de las dinámicas geológicas del SGC, explica que “fue una experiencia muy bonita porque contamos con la guianza de personas de la comunidad hasta llegar donde Óscar y Héctor, quienes no solo permitieron la instalación, sino que nos ayudaron a hacer la construcción de la estación preliminar que se usó para hacer las pruebas y, posteriormente, con el montaje de la estación final. Ellos se comunican constantemente con nosotros, nos ayudan a desyerbar el área de la estación y nos hacen preguntas. Ese caso es muy grato para mí”.


 Frente a la curiosidad de los habitantes de distintos territorios, los funcionarios de Red Sismológica Nacional brindan información oportuna sobre la importancia del trabajo que realizan.


Como este ejemplo, dice ella, existen muchos otros, pues el común denominador para quienes se encargan de la búsqueda de sitios para instalar estaciones es encontrarse con la amabilidad y la buena acogida por parte de comunidades, gobiernos locales y demás entidades públicas que hacen presencia en los municipios. “Siempre nos encontramos con personas que son de mucho apoyo y que nos guían en los territorios por los no conocemos. Su respaldo es absolutamente vital. No podríamos finalizar exitosamente una construcción de una estación o una búsqueda de sitio sin las comunidades”. 

El conocimiento que tienen los locales sobre el lugar que habitan no solo es importante para reconocer zonas sísmicamente activas, encontrar sitios que cumplan con los requerimientos de alojamiento para una estación (por ejemplo, estos deben ser silenciosos y tranquilos) y tomar decisiones logísticas relacionadas con el desplazamiento, el hospedaje y la alimentación en una zona determinada, sino también para identificar riesgos de seguridad.

“Normalmente las estaciones se instalan en zonas rurales porque hay menor ruido, pero esos lugares tan apartados muchas veces están inmersos en zonas de conflicto en las cuales, por ejemplo, podemos encontrar minas antipersona. Por eso es clave para nosotros estar acompañados de personas que se saben mover por los territorios”, cuenta Lina, y agrega que esa es la razón por la que todos los servicios que reciben de la comunidad son retribuidos económicamente. 

Dentro de todas las misiones de instalación se destaca la colaboración de otras entidades del Estado como la Dirección General Marítima-DIMAR, con la cual se ha trabajado en la instalación de estaciones en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. También, de la Fuerza Aérea Colombiana, la Policía Nacional, el Ejército Nacional, así como las alcaldías y gobernaciones. 

“La RSNC busca llegar a todos los sitios donde pueda haber sismicidad en el país. Para ello debe cubrir gran parte del territorio nacional, especialmente las regiones Andina, Pacífica y Caribe, y el Borde Llanero”, dice Lina. En la misión de expandir la Red, que parece no tener fin, son incontables los viajes y las personas que han hecho parte de ella y que seguirán haciéndolo, pero lo que siempre podrá contarse son las historias que reconocen la gran labor que se ha hecho por más de 30 años.