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Lengua de señas
Angie Palacín y Gina Rincón, investigadoras del Servicio Geológico Colombiano, antes de zarpar en el buque Sarmiento de Gamboa hacia la expedición MAUEC-2, realizada en el Banco de Galicia.
Al subir al buque de investigación Sarmiento de Gamboa —del Instituto Geológico y Minero de España (IGME)—, Angie Palacín y Gyna Rincón sentían que se abría ante ellas un mundo nuevo. Como geólogas de la línea de Geología Oceánica del SGC, participar por primera vez en una expedición científica (MAUEC-2) en altamar significaba no solo una oportunidad invaluable de aprendizaje, sino también el reto de enfrentarse a lo desconocido.
La campaña, liderada por científicos del IGME y con la participación de los servicios geológicos de Colombia y Cuba, zarpó del puerto de Vigo, España, a finales de mayo de 2025. Durante más de diez días, los investigadores recorrieron el Atlántico en busca de datos del fondo oceánico, con una meta común: respaldar la propuesta de ese país para ampliar su plataforma continental más allá de las 200 millas náuticas.
Esta distancia marca el límite de la Zona Económica Exclusiva (ZEE), definida por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que otorga a cada Estado costero derechos exclusivos de administración, exploración y reconocimiento de los recursos en esa franja marítima.
Para entender mejor esta distancia, Gyna explica que “si ubicamos el norte de España en el mapa, vemos que hay una formación que se llama el Banco de Galicia. Desde la última línea de tierra hasta el último punto del Banco hay 200 millas náuticas. Partiendo de este punto es que se busca una ampliación”.
Esta apuesta, agrega ella, puede argumentarse si en el fondo oceánico existe un espesor sedimentario mayor al uno por ciento de su distancia desde los límites actuales, lo que permitiría la extensión de los límites marinos de acuerdo con la ley del mar-CONVEMAR.
“Esta campaña fue exitosa para España porque encontraron lo que esperaban. Para nosotras fue una gran experiencia de aprendizaje”, dice Gyna, mientras Angie añade que “este tipo de expediciones están ligadas, en muchos casos, a la búsqueda de recursos minerales o de hidrocarburos, pero en esta ocasión el enfoque fue la investigación para aportar a la soberanía, así que fue muy valioso traernos ese conocimiento para Colombia y empezar a pensar de qué manera podemos aplicarlo”.
Los aprendizajes a bordo de un buque de investigación
Para Angie y Gyna, participar en la adquisición de información durante la campaña fue toda una novedad. El Sarmiento de Gamboa está equipado con tecnología de punta —incluye un laboratorio de acústica y geofísica, además de instrumentos para recolectar, conservar y analizar muestras—, lo que les permitió involucrarse directamente en un proceso que hasta entonces solo conocían a través de pantallas o de relatos de colegas como Edward Salazar, líder de la línea de investigación en Geología Oceánica del SGC, quien en 2024 participó en una expedición liderada por el IGME en Islas Canarias.
Desde la línea de investigación en geología oceánica se trabaja con información de datos oceanográficos (aspectos químicos y físicos del agua), hidrológicos (temperatura y salinidad, presión, corrientes marinas, contenido de oxígeno, etc.) y batimétricos (que miden la forma y relieve del fondo marino, como valles y escarpes), los cuales fueron estudiados durante la campaña MAUEC-2.
Así lo explican Gyna y Angie, quienes participaron en el monitoreo de la adquisición de batimetría, tecnología que emite ondas acústicas para calcular la distancia entre la superficie y el suelo marino y, con ello, permite generar mapas del relieve oceánico. También tomaron datos de sísmica somera de alta resolución (TOPAS), con la cual se identifican deslizamientos submarinos, emisiones de fluidos como gases o lodo, y depósitos de corrientes submarinas.
Durante los días en altamar, “en un buque que parece diminuto en comparación con la inmensidad del océano”, Gyna y Angie también pudieron intercambiar reflexiones con otros investigadores sobre la importancia de la geología oceánica para países como Colombia.
Uno de ellos fue Luis Somoza, líder de la expedición MAUEC-2, quien aseguró que “Colombia tiene el mar Caribe y el océano Pacífico, y tiene un gran porcentaje de territorio marino con respecto al continental, así que existe mucho potencial para producir información que le sirva para aplicar en distintos tipos de iniciativas”, dice, teniendo en cuenta que, más allá de la soberanía, la geología oceánica tiene múltiples aplicaciones.
Algunas de ellas son la investigación e implementación de energías no convencionales renovables; el entendimiento de los efectos del cambio climático sobre el incremento del nivel del mar; el desarrollo de mapas de los fondos marinos para comprender cómo funcionan las corrientes oceánicas, las cuales, finalmente, son las que controlan la mayor parte del clima en el mundo; y producir conocimiento geocientífico como base para el desarrollo del país en las zonas costeras, especialmente en términos de infraestructura.
Para Gyna y Angie hay otro aspecto fundamental que se desprende del conocimiento de los océanos: la responsabilidad de entregar información sobre ellos a los habitantes del país. “Es difícil que alguien ubique a la isla de Malpelo en un mapa y te diga cómo se puede llegar hasta allí (30 horas de navegación), o que te diga cuál es realmente la distancia del territorio continental hasta las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Desconocemos nuestro territorio marino y lo que ocupa, y por eso esta línea de investigación es fundamental”, explica Gyna.
Mientras tanto, Angie concluye que “nuestro trabajo es muy importante para el país. Necesitamos hablar más sobre geología oceánica y que, así como el SGC, otras entidades se sumen a la investigación en este campo”.