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Lengua de señas
Las amonitas fueron moluscos marinos con forma de espiral que aparecieron durante el período Devónico Medio y existieron a lo largo de las eras Paleozoica (era de los invertebrados) y Mesozoica (era de los dinosaurios). Se extinguieron al final del Cretácico.
La respuesta está en lugares como La Venta (Huila) y Floresta (Boyacá), los cuales tienen un alto valor internacional en términos geológicos y paleontológicos. Estos sitios, por cierto, fueron incluidos en la Lista Tentativa de Patrimonio Mundial de Colombia ante la UNESCO. Aquí los detalles.
Para que un individuo se fosilice tiene que pasar un “milagro” geológico, y, aunque esto suena un poco místico, es posible comprobarlo “a punta” de ciencia pura y dura. Para ello se puede mencionar el caso de las amonitas, moluscos marinos que aparecieron hace 390 millones de años y se extinguieron hace 66 millones de años, pero que, por fortuna, dejaron un registro de su existencia a través de complejos procesos de fosilización.
“Cuando una amonita moría, descendía a los lechos marinos. Allí, tenía que quedar rápidamente enterrada por la arena y los sedimentos antes de que algún organismo se la comiera o la rompiera, o de que el agua la disolviera. Todas sus partes blandas, como la piel y los músculos, se descomponían, mientras la parte dura, que era la concha, empezaba a intercambiar propiedades con los sedimentos y rocas. Esto sucedía gracias a procesos químicos y físicos que, luego de millones de años, permitían la solidificación o fosilización de la concha”, dice Victoria Corredor, geóloga y coordinadora del Museo Geológico Nacional.
Ese proceso, el cual está lejos de ser sencillo, no fue el único que enfrentaron las amonitas para llegar “enteras” hasta nuestros días, pues como es de suponerse, tuvieron que “sobrevivir” a movimientos geológicos como el levantamiento de las cordilleras, en el caso de Colombia, y a inclemencias metereológicas como tormentas, períodos de sequía, glaciaciones, vientos, entre otros fenómenos que erosionaron los suelos y deshicieron rocas en las que muchas amonitas habían logrado inmortalizarse.
Nunca se sabrá cuántos fósiles de amonitas se perdieron mientras la Tierra “hacía de las suyas”, ni cuántos lograron mantenerse hasta la actualidad. Lo que sí es seguro es que hoy los yacimientos fosilíferos que han sido descubiertos por los científicos, no solo de amonitas sino de miles de organismos más, representan una ventana al pasado que es esencial para reconstruir los eventos geológicos que han marcado la historia del planeta. Sin esto no tendríamos suficiente información para, por ejemplo, entender el impacto de los cambios climáticos tanto sobre la extinción como sobre la evolución de especies y ecosistemas.
Yacimiento geológico y paleontológico del Desierto de la Tatacoa, en el departamento del Huila.
“Las condiciones marinas fueron más propicias para generar la fosilización de millones de individuos, pero ese proceso también ocurrió en otro tipo de ecosistemas, como ríos y medios terrestres”, cuenta Victoria, y para ello menciona el caso de La Venta, un yacimiento paleontológico ubicado en el Huila, específicamente en el Desierto de la Tatacoa, que se formó entre ecosistemas neotropicales del pasado, como una antigua selva tropical húmeda. Allí hay registro de importantes cambios paleogeográficos y tectónicos que tuvieron lugar en Sudamérica y, por esto, se ha convertido en un epicentro de estudio multidisciplinario y ha desempeñado un papel fundamental en la comprensión de la evolución geológica y biológica del territorio.
Además, La Venta tiene fósiles excepcionalmente preservados de animales y plantas que vivieron hace unos 13 millones de años, cuando el clima era más cálido que hoy en día, y que informan sobre ecosistemas del pasado y sobre la evolución, adaptación y extinción de diversas especies a lo largo del tiempo. Es un lugar clave para entender la historia de la vida en Suramérica tropical debido a la abundancia y rareza de los fósiles presentes.
Esas características han determinado la singularidad del yacimiento de La Venta, el cual, a finales de enero de 2024, fue incluido en la Lista Tentativa de Patrimonio Mundial de Colombia por la Delegación de Colombia ante la Unesco, como parte del proceso para presentar eventualmente una candidatura oficial como un bien del Patrimonio Mundial. Pero no fue el único nominado: en esta propuesta también entró el municipio de Floresta, Boyacá, un lugar que alberga localidades paleontológicas excepcionales de aproximadamente 396 millones de años y relacionadas con lo que se conoce como la 'Edad de los Peces'.
Fósil de trilobite en el yacimiento paleontológico del municipio de Floresta, Boyacá.
Todo esto hizo que Floresta también fuera incluida en la Lista Tentativa de Patrimonio Mundial de Colombia ante la Unesco, organismo que “promueve la identificación, protección y preservación del patrimonio cultural y natural considerado de valor excepcional para la humanidad”. Sin embargo, es importante aclarar que la nominación es solo un logro dentro un camino largo y compuesto por diferentes fases, entre ellas el desarrollo de expedientes de candidatura para los dos sitios postulados, que serán elaborados en colaboración con paleontólogos y geólogos expertos, para lograr una sustentación robusta sobre la relevancia internacional de estos sitios, así como de su singularidad y tradición científica.
Así lo explica Manuel Gómez, geólogo del Museo geológico Nacional del SGC, quien agrega que el proceso que está por venir para establecer la candidatura le apunta a demostrar la eficiencia y los resultados de las estrategias de gestión y conservación que se han implementado tanto en Floresta como en La Venta. “Lo que busca Unesco con estas declaratorias es exponer muy buenos ejemplos de gestión y generar oportunidades para el desarrollo científico, cultural, social y económico de las comunidades de los sitios reconocidos”.
Detrás de la nominación, el Museo Geológico Nacional del SGC jugó un papel fundamental, pues al ser la entidad encargada de elaborar el Inventario Nacional Geológico y Paleontológico, en el marco del cumplimiento del Decreto 1353 de 2018 sobre la gestión integral de estos tipos de patrimonio, desarrolló los expedientes de valoración de La Venta y Floresta, con base en los cuales sustentó estas propuestas para el Comité Técnico Nacional de Patrimonio Mundial. Esto implicó la identificación de literatura científica existente alrededor de los dos sitios para sustentar su relevancia científica frente a temáticas como el cambio climático, la paleontología, la estratigrafía, entre otros.
El paso a seguir implica el desarrollo de estrategias de conservación del patrimonio geológico y paleontológico; el fortalecimiento de la gestión desde la apropiación social del conocimiento geocientífico y la participación comunitaria; y la articulación con otras entidades a nivel nacional y local para enriquecer la proyección de estos sitios como laboratorios naturales para la investigación internacional.
“Ahora debemos empezar a buscar expertos puntuales en estos temas de la paleontología de la Tatacoa y de Floresta para construir una sustentación muy robusta de la relevancia, la singularidad y la tradición científica, en comparación con yacimientos paleontológicos similares en el planeta”, dice Gómez, y añade que aunque estos sean los sitios nominados, Colombia tiene muchos más sitios de patrimonio geológico y paleontológico.
“Los yacimientos paleontológicos que hay en Colombia tienen sus atributos y particularidades que los destacan a nivel internacional. Por eso, concertar esfuerzos para el estudio detallado y protección efectiva de la diversidad de sitios fosilíferos del país será fundamental, pues cada uno contiene registros irremplazables de la historia geológica y evolutiva de diferentes regiones. En ese sentido, entidades como el Servicio Geológico Colombiano tienen un rol preponderante catalizando la cooperación entre sectores académicos, estatales y las comunidades locales en torno a este invaluable legado geocientífico”, concluye.