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Lengua de señas
Jaime Mojica lleva más de treinta años desentrañando la historia de la Tierra a partir de las claves que ofrecen sus minerales. Por las manos de este boyacense han pasado miles de muestras geológicas que con rigurosidad y vocación ha sabido analizar. Pero más allá de una mirada científica precisa y de la experticia indiscutible en los procesos del oro, su conocimiento ha inspirado a generaciones de estudiantes y geólogos que, aunque más difíciles de cuantificar, lo reconocen como un maestro generoso y paciente, capaz de hacerles reafirmar la decisión de dedicar sus vidas a la geología.
El encuentro entre Jaime y la ciencia fue más bien un asunto fortuito. En los años ochenta, una importante siderúrgica financiaba las carreras universitarias a estudiantes que estaban a punto de graduarse. “Cuando llegaron a promocionar la beca, hablaron de geología y eso me gustó. No salí favorecido, pero me quedó la curiosidad”, recuerda. Sin mucha información sobre esta disciplina, pero con todo el interés en explorarla, se inscribió en la Universidad Nacional y empezó a estudiar en 1983.
Cali, Ingeominas y el inicio de su historia con los minerales
Uno de los primeros proyectos en los que participó fue el realizado en convenio con el Servicio Geológico Británico, que consistía en identificar acumulaciones de oro depositadas en sedimentos de aluviales del sur de la costa pacífica colombiana, en Cauca, Nariño y Valle del Cauca. “Identificamos cuáles eran las fuentes del oro, las rocas que contenían el oro que bajaba de la cordillera y los principales ríos con los aluviones más ricos”, cuenta Jaime.
Más adelante, llegaría un proyecto de cooperación con el gobierno japonés que se enfocaba en prácticas de beneficio de oro, con especial atención en el tratamiento ambiental. En los noventa ya empezaba a hablarse del problema del mercurio en la actividad minera y sus efectos adversos, de manera que la información generada por Jaime y sus compañeros permitió que los mineros empezaran a buscar alternativas en el proceso de beneficio y que eliminaran el mercurio por completo de su trabajo, lo que mitiga la contaminación de las aguas con este metal altamente tóxico. “Eso fue lo que más me gustó del proyecto, que no hacía tanto énfasis en la exploración, sino en el beneficio del oro, pero con un manejo ambiental adecuado”, recuerda.
Un conocimiento que vale oro
Al terminar el proyecto con los japoneses, Jaime empezó a especializarse en una técnica llamada difracción de rayos X que, en pocas palabras, permite ver qué minerales hay en una muestra geológica específica.
La experticia que logró en este campo va más allá de la precisión de los datos que es capaz de obtener. Para Julián Vélez, geólogo que trabaja con Jaime en Cali, “gracias a él, el mundo de la difracción de rayos X se convirtió en un universo fascinante; las estructuras minerales dejaron de ser simples patrones para revelar historias escondidas dentro de la materia”.
Jaime durante un proceso de descripción de oro nativo, procedente de los Farallones de Cali. Foto: archivo personal
En 2011, Jaime se retiró del SGC para trabajar en el sector privado, pero regresó en 2016, esta vez como parte de la Dirección de Laboratorios. El proyecto en el que ha trabajado desde entonces parece hecho a la medida de sus intereses y habilidades: se trata de la construcción de guías de beneficio del oro que proponen prácticas alternativas para evitar el uso del mercurio y el cianuro en la pequeña minería o la minería artesanal, un reto al que él, sin duda, podía aportar décadas de experiencia.
“Enseñó a mirar el oro no solo como un metal precioso, sino también como un lenguaje geológico complejo, lleno de procesos, señales y significado”, asegura Vélez sobre el talento de Jaime para analizar hasta el detalle más escondido de un material, entregando información decisiva para las comunidades. “Muchos mineros se han beneficiado porque adoptan parcialmente la metodología que nosotros les proponemos. Digamos que encuentran otra alternativa para mejorar el proceso productivo”, cuenta Jaime sobre este trabajo que ha tenido incidencia en departamentos como Cauca, Nariño, Caldas y Antioquia.
Una trayectoria que enseña, acompaña e inspira
Jaime bien podría describirse como un “microscopio humano”; así lo señala Angélica Candela, directora técnica de Laboratorios. Esta apreciación no es casual: su rigurosidad, sumada a la pasión y claridad con las que aborda la composición de minerales y procesos complejos, hacen de cada explicación una experiencia que convoca, inspira y deja huella en quienes tienen el privilegio de trabajar a su lado o de encontrar en él un referente y mentor.
Jaime Mojica durante una visita a los laboratorios del SGC en Cali. Foto: archivo personal
Esto sucedió con Juanita Sierra, geóloga y hoy directora técnica de Recursos Minerales del SGC, quien conoció a Jaime en una salida de campo a Cali cuando estaba en la universidad. “El momento en que yo escuché a Jaime Mojica hablar de cómo integrar todo este conocimiento de química y mineralogía fue determinante para darme cuenta de que me quería dedicar a eso. Jaime habla con mucho conocimiento y propiedad [...] fue la persona que hizo ese clic final para que yo dijera ‘esto es lo que me gusta’”.
Algo similar opina Julián Vélez sobre el que ha sido su compañero de trabajo durante ocho años: “Jaime Mojica pertenece a esa rara y admirable categoría de maestros que no solo enseñan ciencia, sino que también inspiran vocación, carácter y amor por el conocimiento. Su experiencia no se limita a los libros o los laboratorios; está escrita en caminos recorridos a lo largo y ancho del país, en montañas exploradas, en rocas interpretadas y en la pasión con la que ha dedicado su vida a la geología”.
A poco tiempo de cerrar su historia laboral, Jaime Mojica recuerda con orgullo a quienes han pasado por los laboratorios del SGC en Cali y hoy expanden su conocimiento en otros lugares del mundo. Han sido 36 años estudiando en detalle los minerales del país, pero también compartiendo lo que sabe con entusiasmo y humildad. Hoy, su voluntad de servicio está intacta, así como la curiosidad que lo sigue llevando a hacerse preguntas y a asombrarse “cuando la naturaleza tiene su propia respuesta”.