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Lengua de señas
La vocación de este geocientífico, coordinador del Grupo de Trabajo Cartografía del SGC, es hacerse preguntas y buscar respuestas sobre los procesos geológicos que permiten que el planeta exista como lo conocemos.
Antes de saber que existía una palabra para nombrar a quienes estudian la composición, estructura, procesos y la evolución de la Tierra, Julián López ya tenía ímpetu de geólogo. Creció en la periferia de Manizales, en un entorno donde coleccionaba rocas durante caminatas cortas hacia el río y los termales, observaba deslizamientos, y llenaba frasquitos con ceniza proveniente de la actividad del volcán Nevado del Ruiz o con minerales cristalinos. Fue así que desde muy niño empezó a hacerse preguntas sobre lo que la Tierra podía crear a partir de movimientos y fenómenos que él no veía.
Durante la secundaria, como parte de un proyecto de investigación, encontró una excusa para conocer más sobre las rocas que recolectaba desde niño. Gracias a esa tarea hizo sus “primeros pinitos” en la ciencia y visitó la Universidad de Caldas (donde más tarde se formó), un lugar en el que encontró el acompañamiento de algunos profesionales para recorrer los laboratorios de mineralogía, clasificar algunas muestras y entender su origen. En esa época también hizo sus primeras salidas de campo.
“En la vía a Villamaría vi unas venas de cuarzo con cristales traslúcidos”, recuerda, y añade que, en general, esa experiencia de investigación fue clave para entender que su curiosidad le estaba mostrando una dirección a futuro. A la par de su inquietud por la Tierra y sus dinámicas, Julián desarrolló otras habilidades que, más tarde, también le fueron útiles para observar el mundo y tratar de entender su evolución. Puedes leer: ¿Por qué brillan los minerales fluorescentes?
Entre ellas estuvo el dibujo técnico, una herramienta que encontró en su bachillerato con énfasis en metalmecánica y con la que empezó a traducir objetos tridimensionales a planos bidimensionales, sin saber que más tarde este pasatiempo le sería útil para interpretar el relieve, las estructuras y las relaciones entre unidades geológicas a distintas escalas.
Asimismo, al graduarse del colegio, durante un semestre de descanso, aprendió joyería junto a un amigo de su mamá, una oportunidad que, como dice, “despertó mi curiosidad sobre cómo se originan las piedras preciosas. Me preguntaba: ¿cómo hace la Tierra para producir estas cosas tan bonitas, puras, traslúcidas, como el cuarzo cristal de roca?”.
Para ese momento ya había resuelto la duda de si se dedicaría a la ingeniería electrónica o la geología, pues había sido admitido a la primera carrera en la Universidad Nacional y, a la segunda, en la Universidad de Caldas. Sin ninguna sorpresa, la geología fue el camino, uno en el que además de su capacidad de observación, aplicó mucho rigor conceptual y se apasionó por áreas de estudio como la mineralogía, geoquímica y fisicoquímica.
El trabajo de campo
Al terminar las materias de la carrera, tuvo una oportunidad laboral que lo llevó a Antioquia a explorar mármoles blancos, fuente de carbonato de calcio, un elemento necesario para fabricar productos tan diversos como papel fotográfico, las cremas dentales o los materiales industriales. Fue su primera experiencia como geólogo, aunque aún no hubiera hecho su tesis ni recibido su diploma. Después de ese proyecto hizo su trabajo de grado, se graduó y se fue de nuevo a campo: esta vez al Chocó, donde estuvo en 2003, durante siete meses, haciendo exploración geológica en la selva.
Fue una etapa exigente física y emocionalmente, que puso a prueba sus límites y confirmó su vocación. “Cuando estás en la selva todo te raya, te chuza, te pica. Donde no me hubiera gustado el monte me hubiera enloquecido. Ese lugar es muy húmedo y en todo ese tiempo sentí que nunca me sequé, era como un hongo andante. Prácticamente me salió musgo”, recuerda con humor, una cualidad que él reconoce en sí mismo y que personas como Germán Pardo, geólogo de la dirección de Hidrocarburos del SGC, le admiran.
“Julián es muy alegre, carismático, chistoso”, dice Pardo, quien ha trabajado con él en múltiples ocasiones. Esa forma de ser, explica Julián, le ayudó mucho a sobreponerse de uno de los momentos más difíciles de su vida: un accidente en el que sufrió una dislocación de cadera, fracturas de tibia y peroné, y daño en los tejidos blandos de ambas rodillas. Esto ocurrió en 2011, mientras trabajaba para una empresa privada en un proyecto de exploración entre Caldas y Risaralda.
“Hay riesgos cuando vamos a campo, pero los geólogos que tenemos la oportunidad de hacer estas salidas caminamos y vemos cosas que mucha gente nunca va a ver. Es un privilegio”, dice con gratitud. Durante el periodo de su recuperación escribió el artículo derivado de su tesis de maestría en Geología, suspendió temporalmente el doctorado que había iniciado ese mismo año y reorganizó prioridades personales y profesionales.
Hacer geología en el SGC
Para el momento del accidente, Julián ya había pasado por el Servicio Geológico Colombiano, entonces Ingeominas, entre 2006 y 2010, una temporada en la que trabajó en un proyecto de cartografía del oriente colombiano, el cual lo llevó a lugares como Inírida y los Cerros de Mavecure. Su segunda temporada en la entidad empezó en 2017, esta vez como colaborador en el proyecto de construcción del Mapa Metalogénico de Colombia, un producto que, según Germán Pardo, recibió grandes aportes de Julián.
Por otro lado, Juan Manuel Herrera, director de Geociencias Básicas del SGC, destaca otros procesos que ha integrado Julián, entre ellos el desarrollo del Mapa Tectónico de Colombia en su versión 2025 (se encuentra en proceso de oficialización). “Es un gran profesional, maneja muy bien los temas de tectónica, ha hecho cartografía en buena parte del país, especialmente donde están las rocas metamórficas y cristalinas en general.
Actualmente también está trabajando en actualizar constantemente el Mapa de Fallas Activas de Colombia, clave para el ordenamiento territorial, especialmente para establecer consideraciones en la infraestructura que se va a construir a futuro y para aportar a los mapas de riesgo y amenaza geológica”.
Desde inicios de 2026, Julián es el coordinador del Grupo de Trabajo Cartografía, una responsabilidad que asumió con mucha expectativa porque sabe que lo que produce junto a su equipo es un insumo primordial para todo lo que hacen las demás áreas de la entidad.
“Es un grupo con muchos proyectos. Este año, por ejemplo, estamos empezando uno en la Sabana de Bogotá, en el cual estamos haciendo la armonización geológica, que es poner toda la información bajo un mismo estándar para que el conocimiento esté dispuesto en la mejor escala y calidad posibles. Esto va de la mano con una investigación del Grupo de Trabajo Aguas Subterráneas”. Leer: Si los acuíferos no corren como ríos bajo tierra, ¿cómo se ven y se forman?
A lo largo de su trayectoria ha trabajado en tectónica, cartografía geológica, exploración mineral y docencia universitaria. Fue profesor en la Universidad Industrial de Santander, donde dictó cursos de tectónica y petrología. Por eso, quienes han trabajado con él destacan su capacidad para integrar distintas áreas del conocimiento geológico de acuerdo a los objetivos de los proyectos.
Sobre esto, Cindy Urueña, geóloga de la dirección de Geociencias Básicas del SGC, explica que todos los temas en los que trabaja, desde la petrología ígnea (estudio de las rocas ígneas, aquellas que se forman por la solidificación de magma o lava) hasta los depósitos minerales, tienen un nivel de detalle microscópico que luego integra a modelos macro y regionales.
“Es de los geólogos más integrales que conozco. Con él he aprendido mucho sobre la evolución tectónica de Colombia, especialmente en la integración entre la historia de las cordilleras, las rocas cristalinas del país y los procesos que explican su compleja configuración geológica. También he fortalecido mi comprensión del análisis detallado de fallas, deformaciones y pliegues a partir de la observación en campo”, dice ella.
Ese enfoque integrador también se expresa en su interés por recuperar ideas de geólogos anteriores y reinterpretarlas a la luz de nuevas evidencias y métodos. Así lo cree Germán Pardo, quien asegura que Julián tiene una visión disruptiva de la geología y una disposición permanente para discutir conceptos y plantear preguntas. “Sin él, me hubiera tomado muchos más años entender lo que he podido entender. Me siento muy agradecido con él por lo que es como profesional, pero aún más porque puedo llamarlo mi amigo”.
Entender lo que no vemos
Entender lo que ocurre bajo la superficie ha sido, desde el comienzo, el hilo conductor de su trayectoria e, incluso, de su vida. Por eso le interesan las rocas formadas en profundidad, el crecimiento de los cristales, la evolución de las fracturas y la dinámica térmica del interior terrestre. En estos asuntos sigue encontrando nuevas preguntas y respuestas.
La curiosidad también le impulsa en sus funciones dentro del Grupo de Trabajo Cartografía, donde se encarga, junto a su equipo, de integrar observaciones, contrastar escalas y construir interpretaciones que permitan comprender cómo se ha formado el territorio a lo largo de millones de años.
Ese trabajo no solo aporta conocimiento científico para la comunidad geológica, sino que permite que instituciones, comunidades y tomadores de decisiones cuenten con información confiable para planear el uso del territorio y gestionar el riesgo que se desprende de amenazas geológicas. Leer: Mapas geológicos: claves para conocer lo que los colombianos tenemos bajo nuestros pies.
Por todo esto, Julián piensa que la cartografía no solo es una herramienta para representar montañas, fallas o unidades rocosas, sino también una forma de trascender los paisajes, de ir más allá de lo que los ojos pueden ver, para apreciar los procesos que el planeta ha hecho desde antes de que existiéramos.