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Lengua de señas
“¿Está seguro de que quiere dedicarse a esto? Háblelo con la familia, consúltelo con la almohada. Esto le puede dar para vivir, pero no para mucho más”. Esas palabras de María Eurídice Páramo-Fonseca*, geóloga, paleontóloga y profesora de la Universidad Nacional, les llegaron hace varios años, en diferentes momentos, a Cristian Benavides, Daniel Pomar y José Narváez, cuando aún eran estudiantes de pregrado y aspirantes a paleontólogos.
Al recordar esa advertencia, con la que “la profe” quiso asegurarse de que tomaran una decisión consciente para su futuro profesional, Cristian, Daniel y José, hoy contratistas del Grupo de Trabajo Museo Geológico e Investigaciones Asociadas del SGC, se ríen con una complicidad construida a partir de experiencias similares: no solo fueron alumnos de Páramo, crearon un grupo de investigación junto a ella en la UNAL y recibieron sus consejos, sino que desde la infancia, antes de cruzarse en los caminos de la academia y la investigación, soñaron con dedicarse a estudiar la vida que ocurrió hace millones de años.
Los libros, los juguetes, las películas de Jurassic Park y los fósiles de amonitas que recolectaron junto a sus familias en sitios de interés paleontológico de Boyacá, los obsesionaron como a cualquier niño, excepto que, a diferencia de muchos, esa obsesión nunca se les desvaneció. Por eso cuando tuvieron que elegir qué estudiar en la universidad, Cristian y José se decidieron por geología y, Daniel, por biología, dos caminos de llegada a la paleontología en Colombia (donde no hay programas específicos en esta ciencia).
Caminos cruzados
Entre la fascinación infantil por los dinosaurios y la posibilidad real de ejercer la paleontología hubo “mucho trecho”, incluso algunas dudas sobre si elegir otras ramas de estudio en las carreras (José, por ejemplo, empezó la universidad contemplando un futuro promisorio en el área de petróleos). Sin embargo, cada uno fue reafirmando su vocación gracias a la profesora Páramo. Lea más en María Páramo, la mujer que desenterró los habitantes prehistóricos de Colombia.
“Yo ya me había graduado y la profe me citó en Sáchica (Boyacá), en un centro comunitario en el que tenían un fósil gigante, con una cabeza de 3 metros. Me pidió quitarle el plástico que lo cubría y me emocioné mucho. Le dije que faltaba preparar el fósil para poder ver unos rasgos específicos, y me dijo: eso lo va a hacer el otro año cuando empiece a trabajar. Ese fue mi primer proyecto profesional”, cuenta Cristian, con la gratitud intacta por su maestra, a quien recuerda excavando, preparando muestras, trasnochando en el laboratorio. “Pensaba: quiero ser así de apasionado, incluso después de pasar 30 años en este oficio como ella”.
A partir de ese trabajo, que llevó a la descripción del Sachicasaurus vitae, un pliosaurio (reptil marino) hallado en la Formación Paja en Boyacá, Cristian continuó trabajando de la mano de la docente. En 2018, ambos encontraron un nuevo proyecto de grandes dimensiones: en la colección de la Fundación Santa Teresa de Avila en Villa de Leyva reposaba un fósil que durante años había sido identificado como el cuello de un plesiosaurio. Sin embargo, al examinarlo con más detalle, descubrieron que se trataba de algo muy distinto: un tiburón fósil de proporciones extraordinarias.
El hallazgo planteó tantas preguntas que pronto resultó evidente que dos personas no serían suficientes para responderlas. María Páramo decidió entonces convocar a José, a quien estaba asesorando para su trabajo de grado, y Daniel, quien ya había tenido su acompañamiento para el mismo fin (gracias a su calidad académica fue postulado como meritorio). Sabía que compartían no solo intereses científicos, sino también una manera rigurosa de hacer investigación.
Lo que comenzó como una prueba para evaluar cómo trabajaban juntos terminó convirtiéndose en uno de los mayores aportes en la historia de la paleontología en Colombia: la descripción del ejemplar más completo de Protolamna ricaurtei, una especie gigante, de casi 7 metros de longitud, que nadaba en aguas que hoy corresponden al altiplano cundiboyacense y, actualmente, es el fósil de tiburón lamniforme más antiguo y completo del mundo, pues conserva 107 vértebras, dientes articulados e incluso restos de tejidos blandos.
El tiburón se convirtió en una especie de laboratorio para el grupo. Cada nueva preparación revelaba detalles inesperados y obligaba a formular nuevas hipótesis. “Era una cajita de sorpresas”, recuerda Daniel. Para llegar a este logro, recuerdan, pasaron siete años de reuniones semanales, con jornadas que se extendían sus sesiones de trabajo desde la tarde hasta bien entrada la noche en el laboratorio de la Universidad Nacional. La publicación del hallazgo se dio, finalmente, en el año 2025. Leer más en El fósil de tiburón lamniforme gigante más antiguo y completo del mundo fue encontrado en Colombia.
Entre fotografías, mediciones, artículos científicos y discusiones sobre anatomía, encontraron una dinámica colaborativa en la que cada uno empezó a conocer muy bien los talentos y experiencias del otro. “Aprovechamos muy bien las cualidades de cada uno. Dani tiene una gran experiencia en preparación, yo tengo más facilidades con los mapas, Cristian tiene una gran capacidad de análisis. Al final nos complementamos en todo lo que hacemos”, cuenta José.
Desde el SGC, con los ojos en los vertebrados marinos del Cretácico
La capacidad de observación y la paciencia son dos cualidades que estos paleontólogos consideran indispensables para dedicarse a esta ciencia. Foto: David Amado-SGC.
La experiencia de trabajar juntos alrededor del tiburón fósil terminó por consolidar una forma de hacer ciencia que, por las vueltas fortuitas de la vida, pudieron continuar en el Museo Geológico Nacional del Servicio Geológico Colombiano. El primero en llegar a la entidad fue Daniel: “en el 2006 se me dio trabajar aquí, pero ejecutando un proyecto de inventario de plantas fósiles con el Instituto Smithsonian y, al año siguiente, ya me contrataron en el museo para preparar fósiles y hacer guías”, recuerda él, mientras José y Cristian dicen con gracia que, para entonces, ellos estaban terminando la primaria.
El siguiente en llegar al SGC fue Cristian, tras su graduación del pregrado y el inicio de la maestría en geología en 2018 (un año antes de iniciar la investigación del tiburón). “En la Dirección de Hidrocarburos necesitaban a un geólogo que digitalizara la información de columnas estratigráficas y que tuviera una idea de fósiles porque se estaban encontrando muchos en campo. En 2023 ya me había acercado al trabajo que hacían en el museo y mi mamá me convenció de buscar la oportunidad de hacer paleontología allí. Así entré a liderar el equipo”, cuenta.
Con ello, reafirma junto a sus compañeros cómo el apoyo incondicional de las familias, quienes en su momento expresaron temores y dudas sobre la estabilidad laboral futura, resultó determinante para no desistir del sueño de ser paleontólogos. Esto, teniendo en cuenta que se trata de una disciplina aún en desarrollo en Colombia, donde dedicarse al estudio de la vida del pasado suele requerir paciencia, persistencia y una profunda vocación científica.
José también se unió al equipo del museo en 2023 y, para lograrlo, tuvo un empujón de la profesora Páramo. “Vine al museo con ella y, en una conversación con la gente aquí, dijo: José va a mandar la hoja de vida. Yo tenía mucha timidez, pero fue por ella que me postulé”. Desde entonces, los tres investigadores se trazaron un propósito común: aprovechar el potencial científico de las colecciones paleontológicas del SGC para responder preguntas sobre los antiguos mares que cubrieron el territorio colombiano durante el Cretácico. Lea más en Fósiles fantásticos y dónde encontrarlos: nuevos hallazgos del período Cretácico en Colombia.
Una de las primeras decisiones que tomaron fue organizar un cronograma que les permitiera avanzar simultáneamente en distintos horizontes. Algunos fósiles ya habían sido preparados o contaban con investigaciones preliminares, mientras que otros requerían años de trabajo antes de arrojar información relevante. Por eso combinaron proyectos de corto plazo con otros de largo aliento, una apuesta que les ha permitido tener una producción científica constante.
Un objetivo ambicioso
A estos esfuerzos se sumó el estudio de nuevos ejemplares conservados en las colecciones del museo, por ejemplo, la descripción del Boyacasaurus sumercei, un pliosaurio de hocico largo, con alrededor de 114 millones de años, que representó un nuevo género y especie de pliosáurido brachaucheniino (Plesiosauria, Pliosauridae); el Oneirosaurus caballeroi, un reptil, con alrededor de 89 millones de años, que significó un nuevo género y especie de mosasáurido plioplatecarpino (Squamata, Mosasauridae); y el primer registro de un ictiosaurio tunosaurio (Thunnosauria) del piso Albiano superior en Colombia y Sudamérica, con aproximadamente 110 millones de años. Leer más en Paleontólogos del SGC reportan hallazgo de tres reptiles marinos del Cretácico en Colombia.
Describir nuevas especies es apenas una parte del trabajo. El objetivo de fondo es mucho más ambicioso: utilizar los fósiles para reconstruir los ecosistemas marinos que existieron en Colombia durante el Cretácico y comprender cómo evolucionaron los organismos que habitaron esos ambientes. Cada vértebra, diente y fragmento óseo es una pieza importante del rompecabezas de la vida hace más de 100 millones de años.
La investigación de este “grupo paleo” del SGC, de la cual también hacen parte otros profesionales, nos acerca como país a respuestas para preguntas como: ¿qué animales convivieron en estos ecosistemas? ¿cómo se relacionaron? ¿qué papel cumplieron en la cadena alimenticia? ¿cómo respondieron a los cambios ambientales que ocurrieron a lo largo de millones de años?. Los paleontólogos combinan información anatómica, geológica y paleoambiental con la expectativa de reconstruir, más que individuos aislados, comunidades completas de organismos extintos.
El trabajo que hacen Cristian, Daniel y José, que es más bien un sueño, no acabará nunca. “Somos el segundo país más biodiverso del mundo, pero ¿de dónde vino eso? Eso tiene un origen mucho más antiguo. Este es el rompecabezas de historia natural de Colombia y nosotros estamos aportando pequeñas piezas para armarlo”, afirma José y, para complementarlo, Cristian y Daniel concluyen diciendo que las piezas no las completarán ellos porque no hay vida que alcance para ello. “Nosotros vamos a seguir llenando pequeños huequitos de esta historia, pero esta es una misión que no tiene fin”.
*María Eurídice Páramo-Fonseca, destacada paleontóloga y exdirectora del Museo Geológico Nacional José Royo y Gómez del SGC, falleció a inicios de 2025. Se destacó por aportar a importantes investigaciones sobre fósiles, especialmente reptiles marinos, y se desempeñó como docente del Departamento de Geociencias de la Universidad Nacional.